Uno de los factores
demográficos que determina la evolución de la población de un país es la
mortalidad. Pese a que es probable que los ciudadanos tengan reticencia a
conocer datos relacionados con este tema, las cifras recogidas en las tablas de
mortalidad son de gran utilidad puesto que nos ayudan a conocer el proceso de
envejecimiento que repercute en la planificación de los sistemas sanitarios y
la seguridad social, así como la esperanza de vida.
En el estudio presente,
analizamos los datos con las defunciones y la población pertenecientes a la
Comunidad Valenciana para los años 1991, 2001 y 2011, obtenidos del Padrón
Municipal Continuo y del Registro de Mortalidad.
En primer lugar, observamos
representado gráficamente el conjunto de la población valenciana dividida en
grupos de edad en los años 1991 y 2011, para examinar con más detalle la
diferencia de población entre ambas.
Como
se advierte, la estructura de las pirámides se ha visto bastante modificada. En
primer lugar, el número de nacimientos es mayor en el año 2011 que en el 1991
con 11.787 alumbramientos de diferencia (29%) al igual que el número de
personas comprendidas entre 85 y más años, con 59.808 personas más, lo que
supone un aumento del 148,7%. Por tanto, en la pirámide de población de 2011 se
aprecia la disminución de nacimientos que tuvo lugar cerca de 1991 y su progresivo
aumento hasta la fecha. Por otro lado, el Índice de Juventud también refleja la
primacía de los jóvenes en el año 1991, ya que de cada 100 individuos 20 son
menores de 15 años. En 2011 esta cifra se ha visto reducida en un 5%.
La
mejora de las condiciones de vida ha propiciado un aumento proporcional de la
edad media, que ha pasado de ser de 35 a 40. Este aspecto está relacionado con la esperanza
de vida. La correspondiente a la población masculina ha aumentado 5 años en
comparación con la femenina que solo lo ha hecho 3, aunque éstas siguen estando
por encima con 81 años. Este crecimiento general proviene de la mejora en
muchos ámbitos de la vida. Entre ellos, el sanitario, ya que se ha producido un
gran progreso en la medicina. También ha contribuido a ello la mejora en la producción
alimentaria.
El aumento de la esperanza
de vida ha venido acompañado por un descenso en la probabilidad de muerte. Un
ejemplo de ello lo encontramos en el grupo de edad de 55 a 59 años, que ha
pasado de un 18’2% en 1991 a un 10’7% en el año 2011. Por otra parte, aunque la
población anciana ha aumentado, su probabilidad de muerte continúa siendo
elevada (145’2% en 2011).
Otro apartado fundamental
es el análisis de la mortalidad infantil, ya que es un claro indicador de la
situación de la Comunidad Valenciana. En el año 2011 en esta comunidad se han
producido 140 muertes de niños o niñas sobre un total de 51.239 nacimientos de
infantes vivos, es decir, de cada 1000 niños nacidos en este año han muerto 2 (ambos sexos). Analizando la evolución de esta tasa podemos ver que ha disminuido en un 4%, puesto que en 1991 el
resultado era de un 6%.
Este análisis nos permite
anticipar lo que ocurrirá en un futuro: la inversión de la pirámide de
población. Disminuirán las generaciones de niños y jóvenes, en detrimento de
las ancianas, como lo demuestra el índice de envejecimiento del año 2011: por cada 100 individuos menores de 15 años hay 111 mayores de 64.
Por ese motivo, la población adulta tendrá que hacer frente a la producción del
país para poder sostener a los amplios sectores ancianos de la sociedad, y el
Estado tendrá que prever las elevadas cantidades que se tendrán que destinar,
probablemente, a las pensiones.

















